1. MARCO TEÓRICO.-
1.1 ANTECEDENTES.-
Las investigaciones que sirven
de base a las políticas familiares innovadoras discurren desde la perspectiva y
metodología sociológica. Describen cómo está siendo la socialización en la
familia y sus efectos en la sociedad; desde este análisis, los expertos
proponen, a la par que los valores que deberían asumirse para mejorar la
convivencia social, los valores que deberían las familias adoptar para “socializar”
a sus miembros. En este punto, se reclaman estudios de la Psicología social
aplicada a la familia que aporten datos de interés para enriquecer los
programas de educación familiar dirigidos a lograr adecuadas relaciones
intrafamiliares y con ellas el desarrollo de competencias sociales,
imprescindibles para que los sujetos se integren y participen positivamente en
la sociedad.
El año 2004 representa una
fecha significativa para la investigación sobre la familia. Como es sabido, este
año se celebró el décimo aniversario de la Declaración por parte de la ONU del
Año Internacional de la familia. Supuso la ocasión de recordar el papel de la
familia como célula básica de la sociedad subrayando dos de sus funciones:
asistencial y socializadora. Respecto a este segundo aspecto se hizo hincapié
en la función socializadora de la familia para ayudar a las nuevas generaciones
a integrarse en la sociedad. La ONU propuso a los gobiernos incentivar
políticas sociales que promovieran y fortalecieran esa función familiar y para
ello además impulsó que dichas propuestas políticas se basaran en diagnósticos
sobre el estado de las familias y que evaluaran los programas que se aplican
para ayudarlas en el desenvolvimiento de sus funciones.
Las investigaciones que sirven
de base a las políticas “familiares” innovadoras discurren desde la perspectiva
y metodología sociológicas, y es esta rama del saber científico la que lidera
el trabajo de estudio sobre la familia. Los estudios describen cómo está siendo
la socialización en la familia y sus efectos en la sociedad; desde este
análisis, los expertos proponen, a la par que los valores que deberían asumirse
para mejorar la convivencia social, los que deberían adoptar las familias para
“socializar” a sus miembros en el mismo sentido. En este punto, a la hora de
proponer programas de intervención, se reclaman los estudios de la Psicología
social aplicada a la familia. La investigación psicológica aporta datos de
interés que sirven para enriquecer los programas de educación familiar que van
dirigidos a lograr adecuadas relaciones intrafamiliares y con ellas el
desarrollo de competencias y habilidades sociales en las personas,
imprescindibles para que los sujetos se integren y participen positivamente en
la sociedad.
1.2 BASES
TEÓRICAS
La atención de la Psicología a
la familia como objeto de estudio es reciente y se alcanza desde la Psicología
del desarrollo y la Psicología social. Ambas disciplinas de la Psicología
estudiaron y estudian la génesis de las conductas sociales así como los
elementos que repercuten en su progreso, en sus cambios y en su consolidación.
Aunque no han faltado las alusiones al ámbito familiar, con más frecuencia y
antigüedad en la Psicología del desarrollo que en la Psicología social, la
investigación se centró en el individuo o en el grupo social y no tanto en la
familia como tal, esto es, en el escenario de las relaciones interpersonales
mediante las que las personas aprenden a ser sociales y obtienen el necesario refuerzo
para su bienestar y calidad de vida, requisitos mínimos para lograr la
adaptación, integración y participación sociales. Algunos expertos en
Psicología aplicada a la familia señalan este fenómeno. Además de constatarlo
podemos destacar cómo se investigó el desarrollo social de los individuos relacionado
al menos indirectamente con la familia (Cusinato, 1992; Gracia Fuster, 2000).
La investigación psicológica
sobre las conductas de los individuos repercute indirectamente en el conocimiento
del comportamiento social de las personas, dado que cualquier problema
conductual se aprecia en los contextos sociales de una manera particular. Por
otra parte, el comienzo de desarrollo de las conductas de los sujetos se
estudia a edades tempranas en las que el escenario vital de los individuos son
las familias. Se puede afirmar que la Psicología, implícitamente, al ocuparse
de individuos y considerando su infancia, alcanza conclusiones que se expanden
a estimar los efectos sociales de las conductas de los sujetos. Esta tendencia
ha estado presente hasta apreciar que la Psicología aplicada a la familia es un
importante medio de investigación e intervención para promover el desarrollo
humano y un instrumento eficaz para predecir el ajuste psicosocial de los
individuos.
La atención a la familia desde
la psicología social viene en parte dada cuando ésta se interesa en concreto
por las relaciones interpersonales íntimas. El giro producido conduce a
centrarse en la familia, para intervenir, para investigar estimándola como un
auténtico e importante contexto social. Aunque ya a finales de la década de los
60 del siglo pasado, los psicólogos se decantan por estudiar con más intensidad
a la familia, es a partir de los 70 y especialmente en los 80 cuando la
investigación se vuelca sobre la familia como tal. No sólo es observarla como
el lugar donde viven los individuos sino que lo que es, personas relacionadas o
relaciones interpersonales, constituye un objeto de estudio de entidad propia.
La primera atención en este
sentido se produce en la cuna del Interaccionismo simbólico, en la
llamada escuela de Chicago que dio lugar aun enfoque psicosocial. Si bien
existía una preocupación por los efectos de la sociedad en la familia y cómo
ésta podría adaptarse y desempeñar sus funciones para cuidar a los individuos y
así evitar la marginación o la delincuencia, desde esta perspectiva toma auge centrarse
en las propias relaciones familiares. Una buena muestra de ello es la creación
de la National Council on Family Relations (1938) en la que Ernest Burgess jugó
un importante papel. Con la investigación de Kurt Lewin (década de los 40) se
abre paso a subrayar desde la investigación psicológica el interés de conocer
mejor los procesos de socialización en la familia. A partir de estos análisis,
los estilos parentales y la socialización acaparan la atención de numerosos
investigadores; cabe nombrar a Balwin (años 50) y a Baumrid (años 60).
A la par que estos autores,
otros como Bowlby y Ainswolth (década de los 60) al estudiar las relaciones de
apego, especialmente entre madres e hijos, sobresale el seguimiento de la
formación de las emociones y posibles conductas del niño; estos autores
evidencian que la calidad de estas relaciones repercute tanto en el desarrollo
cognoscitivo como en el social de los individuos. Autoconcepto, autoestima, identidad,
dependencia e independencia, son aspectos de la personalidad que se desarrollan
en las relaciones con otros, entre las que las familiares son fundamentales por
ser primeras en la vida de los individuos y por influir mucho en ellos dada la
intimidad que conllevan. Esas relaciones originarias suponen además los
rudimentos de las conductas sociales: asimilación de valores compartidos,
asunción de normas, desempeño de roles, estímulo de la reciprocidad y del
intercambio.
Algunas concepciones
innovadoras sobre la familia en la década de los 80 facilita aún más estrechar la
relación: familia, individuo y sociedad. Aunque se enfatice en el bienestar
familiar sin expresar explícitamente lo que esto influye en la integración y
participación sociales de los individuos, a la hora de precisar los indicadores
de salud familiar se comprueba que éstos se refieren a la normalidad en las relaciones
interpersonales en la familia, normalidad que constituye también la
socialización y la base de referencia para las relaciones interpersonales fuera
de la familia. Estos indicadores guardan relación con la comunicación, la
capacidad de resolver conflictos, la empatía y el aprecio por los otros y los
modos de establecerse intercambios. La familia se torna imprescindible para la
salud psicológica de los individuos. La familia nutre de seguridad emocional y
social, sentimiento básico para las relaciones de proximidad y reciprocidad
entre individuos.
La psicología familiar de los
80 con la divulgación del enfoque sistémico sobre la familia aborda temas como:
el ajuste familiar, el divorcio, la violencia en la familia, la coerción y la
influencia del ambiente familiar en el desarrollo de conductas antisociales. La
relación más estrecha entre psicología, sociedad y familia se produce en las
investigaciones de los estilos parentales en las que se conecta el proceso de
socialización parental con el ajuste psicosocial. En la década siguiente se continúan
similares temáticas (Demo y Cox, 2000). INFAD
Revista de Psicología International Journal of Developmental and Educational
Psychology, Nº2, 2009. ISSN:
0214-9877. pp:313-320 315.
La mayoría de los temas de
interés actual en la psicología se están estudiando en la familia y muchos de
ellos indirecta o indirectamente se relacionan con el desarrollo social de las
personas, tanto para comprobar el aporte positivo de la familia como el
negativo. Numerosos investigadores centran sus estudios en el bienestar de los
niños en las familias. Por ejemplo se relaciona qué estructura familiar
garantiza un entorno favorecedor del bienestar infantil (Acs, 2003).
Indirectamente en este tipo de trabajos se recuerda que niños insatisfechos en
sus familias son más proclives a problemas entre los que sobresale conductas
antisociales o simplemente ausencia de habilidades sociales. Las primeras
experiencias son importantes para el desarrollo de las personas; está comprobado
que madres que estuvieron desatendidas o maltratadas en la infancia muestran
incapacidad para cuidar a sus hijos y éstos presentan problemas emocionales y
de conducta (Jacobvitz, 2003).
Se encuentra una elevado
consenso sobre el papel de la madre y de los cuidadores de los niños para que
éstos desarrollen estrategias de autorregulación emocional, base para su
adquisición de habilidades sociales (Ato y otros, 2004). En este mismo
contexto, abundan los trabajos sobre los efectos de determinadas estructuras
familiares, el tipo de relaciones familiares a las que dan lugar y sus efectos
en la emocionabilidad y conductas de los niños (Schneider-Atteberry-Owens,
2005) entre las que descuellan las que suponen relacionarse con los demás.
Entre estos temas sobreabunda la literatura sobre los efectos del divorcio
estableciendo las relaciones entre la estructura familiar y el desarrollo de
los individuos (Hetherington & Kelly, 2002; Amato, 2003).
Un tema ya clásico en la
investigación psicológica sobre relaciones interpersonales como es el del apego
evidencia en los estudios actuales su proyección en la vida de los sujetos, en
concreto cómo desarrollan las habilidades sociales y cómo son sus relaciones de
amistad. Se propone cómo estudiar mejor la interiorización de modelos de
relación a través de las relaciones paterno-filiales y cómo la calidad de éstas
repercute en el modo de crear expectativas, confianza y seguridad en las
relaciones sociales.
Entre los últimos hallazgos
destaca: la capacidad de relacionar la seguridad en el apego de niños y adolescentes
con su capacidad de adultos para establecer relaciones íntimas; la calidad del
apego que se muestra en la sensibilidad de los padres en la atención a sus
hijos en actividades como el juego promueve competencia personal, capacidad de
resolver problemas y apoyo en el aprendizaje académico y general (Grossmann,
2005; Benson-McWeyTech-Ross, 2006).
Otra de las temáticas que
forman parte de un gran número de estudios versa sobre los estilos parentales;
durante cuatro décadas se prosigue indagando cómo algunos de los elementos más
relevantes del ejercicio de la exigencia, el control, el cariño, la atención a
los hijos, repercuten en el proceso de socialización de los niños y
adolescentes; el necesario equilibrio para las relaciones interpersonales entre
dependencia, responsabilidad, reciprocidad y autonomía se edifica en las
relaciones paterno-filiales (Baumrind, 2005; Pecnik, 2007).
La revisión de las
publicaciones desde el 2007 hasta la actualidad resalta la última trayectoria
de la investigación en la temática que nos ocupa. Las
revistas especializadas consultadas son entre otras: Child Development;
Social Development; Journal of Family Psychology; Attachment & Human Development;
Journal of Social Psychology; Development Psychology; Journal of Youth and Adolescence;
Journal of Marriage and the family; Family Relations: Interdisciplinary Journal
of Applied Family Studies. Por razones de espacio,
únicamente se indican los temas y publicaciones más representativas.
Se trata de una investigación
que continúa la ya indicada en el apartado precedente. Un grupo abundante de
estudios indaga sobre el bienestar de los niños en especial en lo que concierne
a su dependencia de la estabilidad de las relaciones de sus padres. Las
relaciones paterno-filiales estables y con un mínimo de calidad correlaciona
con la salud psíquica y la motivación de base que impulsa el crecimiento y
aprendizaje de los niños. Por el contrario la inseguridad que producen
relaciones poco estables se asocia a problemas de salud, conductas agresivas,
aversiones y depresiones. (Osborne, 2007). Los estudios se extienden a analizar
esta situación en poblaciones diversas culturalmente y examinando cohortes de
diferente edad en el caso de los niños. Como se ha apuntado en línea precedentes,
esta seguridad es la base para desarrollar competencias sociales adecuadas.
De forma similar abunda la
investigación sobre cómo los padres facilitan a sus hijos la adquisición de la
regulación emocional (Morris, 2007). Cabe destacar tres vertientes en el
planteamiento de esta temática. Por un lado se observa cómo el estilo emocional
de los padres repercute en el de los hijos dándose un aprendizaje en estos
últimos indirecto (Perlman, 2008; Wong, 2009); por otro, el tono emocional con
el que los padres tratan a sus hijos –por ejemplo, las muestras de cariño o de
hostilidad, de calidez o frialdad repercuten en el comportamiento social de los
hijos (Nelson, 2009). Además se observa cómo los padres ejercitan una educación
afectiva explícita con sus hijos. Se comprueba que las explicaciones que los
padres dan a sus hijos sobre las reacciones emocionales y sus orientaciones sobre
cómo comportarse suponen un entrenamiento válido que se pone a prueba en las
primeras relaciones de los niños con sus compañeros. Estos análisis parten de
la base de que el desarrollo de competencias emocionales es uno de los
elementos fundamentales de cualquier proceso de socialización(Lukenheimer,
2007).
Continúa ampliándose el
conocimiento sobre las relaciones de apego y su influencia en la autoestima, en
la capacidad de resilencia, en la génesis de diversas conductas negativas como
son el consumo de drogas, alcohol, reacciones agresivas (Veselska, 2009) y
positivas como la estrategia de resolución de problemas en las relaciones
interpersonales, así como el fomento de actitudes adecuadas como el crearse
expectativas ajustadas a la realidad (Railkes, 2008). Se sigue subrayando la
fuerte correlación entre apego parental y la depresión en los niños o entre el
apego parental y el funcionamiento social (Liu, 2008). Las investigaciones
destacan apreciar las diferencias por género y una etapa especial en el
desarrollo de las personas como es la adolescencia.
Despuntan los estudios que
intentan definir cómo predecir el desarrollo social y las conductas sociales a
partir de algunos modos de cuidado e interacción padres e hijos (McDowell,
2009; Morrissey, 2009). La investigación sobre los estilos parentales está
relacionada con estos hallazgos (Drozdz-Pokorski, 2007). Se presta más atención
a la respuesta de los adolescentes, es decir, con anterioridad el foco de
estudio estaba centrado en los padres y en la descripción de sus modos de ser y
hacer en relación con los hijos, los estudios más recientes comienzan a
distinguir para comprobar la correlación entre variables el temperamento de
cada hijo (Bogenschneider, 2008) o la información de contraste que los hijos
pueden ofrecer respecto al comportamiento de sus padres (Padilla, 2007). Se
reitera considerar las diferencias por género, la especial influencia de la
madre. Al habitual estudio de rasgos como el cariño, la atención a las
necesidades, el control, la protección de los padres respecto a sus hijos se suma
profundizar en el conocimiento de algunos aspectos que tiene que ver con la
interiorización de valores presupuesto para la adopción de conductas– y el
equilibrio entre mantener una disciplina y control y fomentar la autonomía de
los individuos. Se reformulan algunos constructos, por ejemplo se propone
romper con la oposición entre control parental y autonomía del hijo,
entendiendo que cabe la orientación de los padres hacia un comportamiento
voluntario de los hijos (Soenens, 2009). Los estudios sobre estilos parentales
y comunicación desvelan enfoques también interesantes para los profesionales de
la educación familiar y de especial interés para comprobar la continuidad entre
psicología, familia y sociedad. Así se observa que un estilo parental repercute
en la realidad social en la que se conforma una familia, ámbito en el que se
defiende, relaciones, normas, expectativas, es decir los fundamentos de la
realidad social más amplia como es la sociedad en la que la familia coexiste.
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